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El color de la vida

Siempre desde niño, me pareció entender fácilmente que la vida es en color.

Y no por las luces y el colorido de ésta mi tierra Valenciana que tanto amo, donde todo parece confabularse para dar una luminosidad espléndida, sino porque cuando la vida está en grises, hay que saber darle el color adecuado.

Hay tantas personas grises, hay tantas vidas gris-marengo tirando a negro, que resulta patético el comprobar la incapacidad de las personas para ser felices.

Con frecuencia incluso mis pacientes me preguntan pues, que hay que hacer para estar bien, a gusto, y eso tan tópico que es ser feliz.

Mi respuesta es sencilla, hay que partir de la base de que la vida es un misterio, un misterio indescifrable pero al mismo tiempo vehemente y apasionado, y que eso que llamamos felicidad no se consigue con grandes éxitos, con grandes triunfos, con grandes metas, sino desde la sabiduría de lo cotidiano.

Como dice una escritora hindú; ESE DIOS DE LAS PEQUEÑAS COSAS.

Sí porque las cosas que son en color son como pequeños dioses, que nos dan esa satisfacción suprema que es sentirnos en paz y en armonía.

Siempre incluso de día yo soñaba en colores, y es porque debí crecer con las películas de Walt Disney, que era ese cineasta que personificaba la fantasía de todos los niños de mí tiempo.

Y desde entonces para acá siempre he procurado tener ese lado mágico, que tienen las cosas y ponerlas en colores.

A cada persona y cada cosa corresponde un color determinado, se dice desde siempre que el azul es el color de la verdad y la espiritualidad, el verde es el color de la esperanza y de la sanación, el rosa (por eso es el color de las mujeres) es el color del amor, y yo lo tengo muy en cuenta, incluso cuando puedo me lo pongo porque me encanta vestirme de amor.

El amarillo es el color del conocimiento y la sabiduría, por eso los antiguos faraones se recubrían todo su cuerpo con planchas de oro, y también lo encontramos en sus sarcófagos.

Y luego queda el blanco, el que en él integra todos los colores del espléndido arco iris, rojo, anaranjado, amarillo, verde, azul, añil y violeta, ese de los siete colores es el espectro el blanco, y el blanco como no, es el color de la resurrección, de la fuerza, de la vida.

Cada vez con más frecuencia al cerrar los ojos visualizo personas, lugares, cosas en color, y a cada objeto le atribuyo un color que le va por aquello de la conducción afectiva-emocional que produce en mí, y en cada persona también, sobre todo en sus ojos veo ese color que les da transparencia.

Así pues la vida para mí es en color, y cada vez más sin desdeñar los grises y los negros, me gusta esta luz mediterránea y latina, que ahora en la primavera nos inunda en todos los costados para una resultante de una belleza espléndida.

Todo es color, todo es “según el color del cristal con que se mira”, pero la belleza recordarlo una vez más y para siempre, ESTÁ EN LOS OJOS DEL QUE LA MIRA.    

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